Jacqueline Campos
Ser residente del Valle de San Quintín en los últimos seis años de
mi vida, me da la oportunidad de conocer a mujeres que me asombran, mujeres con
distintos tonos de piel, estatura, peso, edad y de diferentes latitudes de
México que en algún momento de su vida, migraron a Baja California. Mujeres con
capacidad de resiliencia, sororidad, con capacidad de sentir y demostrar empatía
con los otros. Mujeres con la fortaleza para reconstruir su vida a partir de
ciertas circunstancias que les generaron dolor, pérdidas, duelos y/o
desventajas económicas, sociales, físicas y de salud; mujeres que le tuvieron y
tiene que arrebatar a la vida lo que les hizo falta para superar obstáculos.
Una de estas mujeres que me provocan admiración y respeto se llama
Ana Ibette Gutiérrez Santiago, la conocí una tarde en octubre del 2023 en un
aula del primer semestre de la licenciatura en Enfermería con enfoque comunitario
en la Universidad Intercultural de Baja California, con una peculiaridad: su
hijo Samuel de siete años la acompañaba, el niño portó un excelente
comportamiento rodeado de estudiantes de 18 años en promedio de edad y con los
docentes; por lo que al final del primer semestre incluso una querida docente
le otorgó una constancia espacial por ser un niño destacado.
Al inicio del segundo semestre en febrero 2024, Anna Ibette recibió
la terrible noticia mientras tomaba clases en su nuevo horario matutino, su
padre a quién dejó de ver años atrás falleció; inmediatamente sus compañeros
del aula no dudaron en apoyarla y realizar una coperacha por toda la UIBC para
pagarle el viaje hasta Santiago Tilantongo Nochixtlán, Oaxaca. Cómo no apoyar a
Ana Ibette que se ganó a pulso el respeto, el cariño y la admiración de los que
tenemos la fortuna de conocerla. Ese fue su primer triste viaje de retorno al sur;
al regresar hablamos y noté que su mirada era opaca, su sonrisa casi había desaparecido,
algo en ella cambió; estaba iniciando el solitario camino del duelo. Estará de
acuerdo conmigo querido lector o lectora: que no importa qué edad tiene el hijo
o la hija, cuando los padres se nos mueren, nos sentimos como niños huérfanos y
la vida nos cambia, el dolor nos transforma y moldea, nos volvemos distintos. Hay
un antes y un después de la orfandad.
Para mí, escuchar a Ana Ibette hablar es como leer un libro humano;
por los recortes de su vida noto su fortaleza, su poder interior, su gentileza
y su capacidad empática. Su lengua materna es el mixteco alto, que aprendió escuchando
hablar a sus padres y hermanos desde que era una bebé recién nacida en aquel 1991
en la comunidad de Santiago Tilantongo Nochixtlán. Creció rodeada de cerros
verdes, viendo cielos azules y luminosos, en su comunidad natal el sol parece brillar
con más intensidad hasta el ocaso y el agua sabe dulce; sin embargo, tuvo que emigrar.
Dejó a sus padres hermanas y hermanos para hacer su vida como adulta e ir en
busca de mejores oportunidades económicas y de superación.
Llegó a San Quintín en el
2021 tomada de la mano de su esposo para trabajar en los campos agrícolas igual
que muchos migrantes del sur de México, pero Antonio Álvarez y Ana Ibette no
son una pareja común. Él es tan extraordinario como ella, porque practica sin
saberlo, lo que los especialistas en ciencias sociales llaman la nueva masculinidad:
apoya a su esposa de 33 años desde 2023 para que realice su sueño de ser
enfermera, cubre los gastos económicos del hogar, para que ella estudie tiempo
completo. Ana Ibette aprendió a organizar su economía para que le rinda un
modesto sueldo en su hogar y valora el esfuerzo de su esposo. Y en este punto de
mi relato me detengo nuevamente querido lector, para afirmar que seguramente
usted estará de acuerdo conmigo que es por AMOR que uno quiere salir adelante
con la pareja y con los hijos, es por AMOR que uno deja el egoísmo para apoyar
al otro en la construcción de su sueño cuando es propositivo, para que deje de
ser solo un sueño y se convierta en un propósito de vida y una realidad; y es
por AMOR que se educa a los hijos e hijas con el mejor ejemplo posible como
padres. Y estoy segura de que el pequeño Samuel que desde los siete años conoce
las aulas de una universidad, será también un universitario y quizás un futuro
rector de una Universidad Intercultural. Esto lo digo, porque a unas semanas
para concluir el actual semestre escolar realicé una entrevista a Ana Ibette
cuando regresó de Pátzcuaro, Michoacán; porque ella fue la estudiante
seleccionada para participar en el Tercer Encuentro Nacional de Universidades
Interculturales, que llevó por título “Hacia la consolidación de la educación
intercultural crítica en la Educación Superior”. Evento convocado por la Secretaría de
Educación Pública (SEP) y el Centro de Cooperación Regional para la Educación
de Adultos en América Latina y el Caribe (Crefal), en coordinación con el
gobierno de Michoacán, realizado del 21 al 23 de mayo. No cabe duda de que la
vida nos sorprende también con buenas noticias y bendiciones, así como le
sucedió a nuestra protagonista que recibió un merecido regalo: viajar a con los
gastos pagados para representar a sus compañeros de la UIBC en un encuentro de
estudiantes formativo e inolvidable. Al regresar hablamos y noté su mirada
distinta, volvió con un espíritu renovado, con una sonrisa amplia, un caminar relajado,
seguro y con un brillo que realzan sus ojos color de los granos de café, sus
ojos tienen una luz que la hace lucir radiante y en paz. Estoy segura de que la
experiencia de conocer y convivir con 147 rectoras y rectoras, docentes
y estudiantes de universidades interculturales, así como de universidades
politécnicas y tecnológicas en proceso de convertirse también en
interculturales, además autoridades educativas de 26 estados del país le revelaron
más su visión. La experiencia le abrió los ojos a otras realidades y
posibilidades de desarrollo humano y comunitario.
Ana Ibette es voluntaria los fines de semana en un templo cristiano,
tiene un ministerio especial de formación de niños en situación de
vulnerabilidad, se prepara como enfermera con enfoque comunitario y tiene una
excelente aprovechamiento académico ganado con esfuerzo y horas de estudio con disciplina,
ella no tiene tiempo libre para procrastinar. Es una madre que educa y cuida de
su hijo, es una esposa amorosa y fiel compañera, suele acostarse muy noche por
estudiar, está orgullosa de su origen mixteco y es una de las 21, 239 personas que en Baja California según
el censo del INEGI del 2020 hablan esa lengua materna; además es traductora de
las cápsulas de Frecuencia Intercultural que se transmiten en el programa de radio Voces con Luz de la radiodifusora
indigenista XEQIN La voz del Valle, la radio con más tradición en el valle de San
Quintín; también es una ávida lectora que le gusta cultivarse y
transmitir a otros sus conocimientos.
Al concluir la entrevista le pedí que compartiera un mensaje para
los y las lectoras: “Les diría que nunca es tarde para realizar un sueño. Que
uno existe para adaptarse a cualquier circunstancia, somos capaces de vivir un
mundo diferente al que conocemos; tal vez es difícil empezarlo a conocer por
muchas circunstancias, pero hoy más que nunca tenemos más facilidades para
comenzar a conocerlo y animarnos a perder ese miedo que nos impide avanzar, que
nos impide conocer el conocimiento; por lo tanto el estudio nos hace sabias y
nos brinda las herramientas para defendernos. La mujeres indígenas podemos
cambiar nuestro entorno si comenzamos por nosotras mismas, adquiriendo
conocimiento y sabiduría, pero que recuerden en especial que la sabiduría
divina sumada al conocimiento humano cambiaría el mundo”.
Yo, además de
escribir artículos de crónicas, soy psicóloga y por lo tanto puedo augurar con
claridad un futuro brillante para mi amiga Ana Ibette Gutiérrez Santiago,
porque es y será una mujer que impulsa a mujeres, una mujer vitamina para
mujeres enfermas no solo del cuerpo, también del alma; porque cuando una mujer
madura mental y emocionalmente descubre su poder de “transformar” el dolor, las
carencias y desventajas, en energía positiva para reconstruir su propia
historia y dirigir con responsabilidad el rumbo de su vida. Cuando una mujer
como Ana Ibette, así como otras mujeres del Valle de San Quintín que tengo la
fortuna de conocer se visten con la elegancia de la resiliencia, de fortaleza, de
disciplina y de amor, a ellas les espera un futuro luminoso de servicio con un gran
propósito comunitario, para ayudar a “transformar”. Y estoy segura de que no habrá obstáculo que
detenga a Ana Ibette en su visión, ni a las mujeres de las que hablo; ciertamente
la tristeza aparecerá por momentos como la temporada de lluvia, pero jamás les apagarán
el brillo que irradian, la fe en Dios, la serenidad, la compasión y la alegría de
vivir. Ese es el tipo de mujeres con resiliencia y sororidad de las que me gusta
formar parte de su red de apoyo, mujeres que ven la vida como una bendición para
poder vivirla en amor con su familia y comunidad.
Podría seguir narrando
fragmentos del libro viviente que es Ana Ibette para mí, pero eso será en otra
crónica, porque a esta dama no le perderé la pista, mientras tanto les invito a
conocer la Universidad
Intercultural de Baja California donde se forma como enfermera y mi Blogger
Voces de mujeres por la Paz.
https://vocesdemujeresporlapazsq.blogspot.com/2024/06/una-mujer-con-resiliencia-ana-ibette.html
Fotos del viaje de Ana Ibette en el Tercer Encuentro Nacional de Universidades Interculturales
Foto oficial del evento https://www.gob.mx/sep/articulos/comunicado-conjunto-17-en-michoacan-sep-y-crefal-inauguran-tercer-encuentro-nacional-de-universidades-interculturales
Referencias
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/EstSociodemo/ResultCenso2020_BC.pdf

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