miércoles, 5 de junio de 2024

UNA MUJER CON RESILIENCIA: ANA IBETTE GUTIÉRREZ SANTIAGO

Jacqueline Campos


Ser residente del Valle de San Quintín en los últimos seis años de mi vida, me da la oportunidad de conocer a mujeres que me asombran, mujeres con distintos tonos de piel, estatura, peso, edad y de diferentes latitudes de México que en algún momento de su vida, migraron a Baja California. Mujeres con capacidad de resiliencia, sororidad, con capacidad de sentir y demostrar empatía con los otros. Mujeres con la fortaleza para reconstruir su vida a partir de ciertas circunstancias que les generaron dolor, pérdidas, duelos y/o desventajas económicas, sociales, físicas y de salud; mujeres que le tuvieron y tiene que arrebatar a la vida lo que les hizo falta para superar obstáculos.

Una de estas mujeres que me provocan admiración y respeto se llama Ana Ibette Gutiérrez Santiago, la conocí una tarde en octubre del 2023 en un aula del primer semestre de la licenciatura en Enfermería con enfoque comunitario en la Universidad Intercultural de Baja California, con una peculiaridad: su hijo Samuel de siete años la acompañaba, el niño portó un excelente comportamiento rodeado de estudiantes de 18 años en promedio de edad y con los docentes; por lo que al final del primer semestre incluso una querida docente le otorgó una constancia espacial por ser un niño destacado.

Al inicio del segundo semestre en febrero 2024, Anna Ibette recibió la terrible noticia mientras tomaba clases en su nuevo horario matutino, su padre a quién dejó de ver años atrás falleció; inmediatamente sus compañeros del aula no dudaron en apoyarla y realizar una coperacha por toda la UIBC para pagarle el viaje hasta Santiago Tilantongo Nochixtlán, Oaxaca. Cómo no apoyar a Ana Ibette que se ganó a pulso el respeto, el cariño y la admiración de los que tenemos la fortuna de conocerla. Ese fue su primer triste viaje de retorno al sur; al regresar hablamos y noté que su mirada era opaca, su sonrisa casi había desaparecido, algo en ella cambió; estaba iniciando el solitario camino del duelo. Estará de acuerdo conmigo querido lector o lectora: que no importa qué edad tiene el hijo o la hija, cuando los padres se nos mueren, nos sentimos como niños huérfanos y la vida nos cambia, el dolor nos transforma y moldea, nos volvemos distintos. Hay un antes y un después de la orfandad.

Para mí, escuchar a Ana Ibette hablar es como leer un libro humano; por los recortes de su vida noto su fortaleza, su poder interior, su gentileza y su capacidad empática. Su lengua materna es el mixteco alto, que aprendió escuchando hablar a sus padres y hermanos desde que era una bebé recién nacida en aquel 1991 en la comunidad de Santiago Tilantongo Nochixtlán. Creció rodeada de cerros verdes, viendo cielos azules y luminosos, en su comunidad natal el sol parece brillar con más intensidad hasta el ocaso y el agua sabe dulce; sin embargo, tuvo que emigrar. Dejó a sus padres hermanas y hermanos para hacer su vida como adulta e ir en busca de mejores oportunidades económicas y de superación.

 Llegó a San Quintín en el 2021 tomada de la mano de su esposo para trabajar en los campos agrícolas igual que muchos migrantes del sur de México, pero Antonio Álvarez y Ana Ibette no son una pareja común. Él es tan extraordinario como ella, porque practica sin saberlo, lo que los especialistas en ciencias sociales llaman la nueva masculinidad: apoya a su esposa de 33 años desde 2023 para que realice su sueño de ser enfermera, cubre los gastos económicos del hogar, para que ella estudie tiempo completo. Ana Ibette aprendió a organizar su economía para que le rinda un modesto sueldo en su hogar y valora el esfuerzo de su esposo. Y en este punto de mi relato me detengo nuevamente querido lector, para afirmar que seguramente usted estará de acuerdo conmigo que es por AMOR que uno quiere salir adelante con la pareja y con los hijos, es por AMOR que uno deja el egoísmo para apoyar al otro en la construcción de su sueño cuando es propositivo, para que deje de ser solo un sueño y se convierta en un propósito de vida y una realidad; y es por AMOR que se educa a los hijos e hijas con el mejor ejemplo posible como padres. Y estoy segura de que el pequeño Samuel que desde los siete años conoce las aulas de una universidad, será también un universitario y quizás un futuro rector de una Universidad Intercultural. Esto lo digo, porque a unas semanas para concluir el actual semestre escolar realicé una entrevista a Ana Ibette cuando regresó de Pátzcuaro, Michoacán; porque ella fue la estudiante seleccionada para participar en el Tercer Encuentro Nacional de Universidades Interculturales, que llevó por título “Hacia la consolidación de la educación intercultural crítica en la Educación Superior”. Evento convocado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (Crefal), en coordinación con el gobierno de Michoacán, realizado del 21 al 23 de mayo. No cabe duda de que la vida nos sorprende también con buenas noticias y bendiciones, así como le sucedió a nuestra protagonista que recibió un merecido regalo: viajar a con los gastos pagados para representar a sus compañeros de la UIBC en un encuentro de estudiantes formativo e inolvidable. Al regresar hablamos y noté su mirada distinta, volvió con un espíritu renovado, con una sonrisa amplia, un caminar relajado, seguro y con un brillo que realzan sus ojos color de los granos de café, sus ojos tienen una luz que la hace lucir radiante y en paz. Estoy segura de que la experiencia de conocer y convivir con 147 rectoras y rectoras, docentes y estudiantes de universidades interculturales, así como de universidades politécnicas y tecnológicas en proceso de convertirse también en interculturales, además autoridades educativas de 26 estados del país le revelaron más su visión. La experiencia le abrió los ojos a otras realidades y posibilidades de desarrollo humano y comunitario.

Ana Ibette es voluntaria los fines de semana en un templo cristiano, tiene un ministerio especial de formación de niños en situación de vulnerabilidad, se prepara como enfermera con enfoque comunitario y tiene una excelente aprovechamiento académico ganado con esfuerzo y horas de estudio con disciplina, ella no tiene tiempo libre para procrastinar. Es una madre que educa y cuida de su hijo, es una esposa amorosa y fiel compañera, suele acostarse muy noche por estudiar, está orgullosa de su origen mixteco y es una de las  21, 239 personas que en Baja California según el censo del INEGI del 2020 hablan esa lengua materna; además es traductora de las cápsulas de Frecuencia Intercultural que se transmiten en el programa  de radio Voces con Luz de la radiodifusora indigenista XEQIN La voz del Valle, la radio con más tradición en el valle de San Quintín;  también es una  ávida lectora que le gusta cultivarse y transmitir a otros sus conocimientos.

Al concluir la entrevista le pedí que compartiera un mensaje para los y las lectoras: “Les diría que nunca es tarde para realizar un sueño. Que uno existe para adaptarse a cualquier circunstancia, somos capaces de vivir un mundo diferente al que conocemos; tal vez es difícil empezarlo a conocer por muchas circunstancias, pero hoy más que nunca tenemos más facilidades para comenzar a conocerlo y animarnos a perder ese miedo que nos impide avanzar, que nos impide conocer el conocimiento; por lo tanto el estudio nos hace sabias y nos brinda las herramientas para defendernos. La mujeres indígenas podemos cambiar nuestro entorno si comenzamos por nosotras mismas, adquiriendo conocimiento y sabiduría, pero que recuerden en especial que la sabiduría divina sumada al conocimiento humano cambiaría el mundo”.

Yo, además de escribir artículos de crónicas, soy psicóloga y por lo tanto puedo augurar con claridad un futuro brillante para mi amiga Ana Ibette Gutiérrez Santiago, porque es y será una mujer que impulsa a mujeres, una mujer vitamina para mujeres enfermas no solo del cuerpo, también del alma; porque cuando una mujer madura mental y emocionalmente descubre su poder de “transformar” el dolor, las carencias y desventajas, en energía positiva para reconstruir su propia historia y dirigir con responsabilidad el rumbo de su vida. Cuando una mujer como Ana Ibette, así como otras mujeres del Valle de San Quintín que tengo la fortuna de conocer se visten con la elegancia de la resiliencia, de fortaleza, de disciplina y de amor, a ellas les espera un futuro luminoso de servicio con un gran propósito comunitario, para ayudar a “transformar”.  Y estoy segura de que no habrá obstáculo que detenga a Ana Ibette en su visión, ni a las mujeres de las que hablo; ciertamente la tristeza aparecerá por momentos como la temporada de lluvia, pero jamás les apagarán el brillo que irradian, la fe en Dios, la serenidad, la compasión y la alegría de vivir. Ese es el tipo de mujeres con resiliencia y sororidad de las que me gusta formar parte de su red de apoyo, mujeres que ven la vida como una bendición para poder vivirla en amor con su familia y comunidad.

Podría seguir narrando fragmentos del libro viviente que es Ana Ibette para mí, pero eso será en otra crónica, porque a esta dama no le perderé la pista, mientras tanto les invito a conocer la Universidad Intercultural de Baja California donde se forma como enfermera y mi Blogger Voces de mujeres por la Paz.

https://uibc.mx/  

 https://vocesdemujeresporlapazsq.blogspot.com/2024/06/una-mujer-con-resiliencia-ana-ibette.html

 

Fotos del viaje de Ana Ibette en el Tercer Encuentro Nacional de Universidades Interculturales




Foto oficial del evento https://www.gob.mx/sep/articulos/comunicado-conjunto-17-en-michoacan-sep-y-crefal-inauguran-tercer-encuentro-nacional-de-universidades-interculturales


Referencias

https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/EstSociodemo/ResultCenso2020_BC.pdf

https://ieebc.mx/indigenas/archivos/programa/pdpcibc.pdf

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